viernes, febrero 05, 2010

Que molleja e frio

Cuando vivía en Puerto la Cruz, en Venezuela, soñaba con conocer la nieve. Mi deseo fue concedido en las navidades pasadas, aunque confieso que apenas pudimos del chalet a jugar con la mierda blanca esa, por cuando estábamos tullido del frío.

Ahora sueño con nadar en una playa de aguas tibias y recibir los besos del sol tropical mientras observo en el espejo el amarillo apio de mi piel y escucho en la radio el pronóstico del tiempo en San Francisco: frío, pero no congelado. No está mal, al menos hay sol, aunque tenga la intensidad de la erección de un hombre de ochenta años.

Vivo en el primer mundo y un sol de tercera apenas sonríe en el cielo.
No me importa, la gente sonríe.

En mi país, una mueca de disgusto permanente mezclada con gotas de sudor tiene secuestrada la alegría de la gente. Les han removido la esperanza quirúrgicamente y postales de blanco inmaculado les susurran en el oído que deben escapar.

Algunos no tuvieron opción y le cantan al calor de Maracaibo enterrados en el hielo de Cánada, pero con energía suficiente para cantar. ¡Qué molleja e' frío, pero estamos juntos!

Al mismo tiempo pienso en la Siberia que Ryszard Kapuscinski describe durante su viaje al IMPERIUM: un lago con bloques de hielo que sirven como tumbas para la gente que murió en los campos de concentración soviéticos, hombres y mujeres que se quedan viviendo en las celdas luego que su opresor se va porque no saben como se vive en libertad, revoluciones populares de una sola voz...


Nieve en Tahoe

jueves, febrero 04, 2010

viernes, enero 15, 2010

La cantera de los escritores frustrados: Venezuela



Excelente el artículo de la revista Arcadia sobre el boom venezolano.
Hasta salí de mi modorra literaria para escribir este post sobre la literatura en Venezuela.

Sí, creo que en Venezuela hay buenos escritores. El problema fue que las vacas sagradas no dejaban a ningún joven emerger... hasta ahora. Con un nuevo sistema político, llegan algunas nuevas voces. Algunas de ellas discrepan con el poder, pero nunca hubieran tenido oportunidad en una gerencia cultural que siempre apostaba por los mismos gatos. Ahora esos gatos son momias políticas asociadas al sistema anterior o están debajo del piso... literalmente.
Los iconoclastas se consagran como profetas (Rafael Cadenas o Gustavo Guerrero) y una nueva generación aparece, con un mejor concepto de si misma. Por supuesto, ayuda que la situación política o cambiaria haya cercenado el posado cosmopolitismo de los venezolanos. Sin dinero, la pose de "gomelos", "sifrinos" o "snob" nos queda grande.

Aparte, las editoriales están abiertas a nuevas propuestas locales, así sea en tiradas pequeñas. Sobre las consecuencias del control de cambio en la oferta literaria no quiero hablar, por cuanto otras personas han escrito sobre eso.

Y lo último se lo debemos a la cantera de escritores que es la escuela de letras de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Los escritores exitosos no pueden vivir de las tiradas de sus libros y se hacen profesores universitarios de la UCV (o de la Universidad de los Andes o de otra universidad más que no recuerdo). Eso significa que como alumno de Letras vas a tener la mejor educación, impartida por verdaderas luminarias de la literatura local. De hecho, yo conozco personalmente al 80 por ciento de la gente mencionada en el artítulo porque me dieron clases o los vi caminar en el pasillo de la escuela mientras esperaba para entrar al salón. Otros como McKey fueron alumnos. Una verdadera cantera de escritores...

Ahora, habrá que ver si el mundo nos sigue prestando atención. Yo lo creo así, por cuanto el ambiente político ha empujado a los mejores talentos (y los más polémicos) a emigrar fuera del país. Eso abona el terreno de los principales mercados internacionales. Por eso se habla de un supuesto "boom", término que no apoyo para hacer honor a mi pesimismo criollo. Al parecer no soy la única.

Es solo mi opinión personal.

El genio

lunes, diciembre 21, 2009

Los intelectuales, la cultura y el poder: palabras más, palabras menos



Migración de escrúpulos

El jugador sacó la tarjeta de los "ingenuos". Estábamos matando el tiempo con Apples for Apples, un típico juego de mesa para adultos. Nosotros buscábamos entre las nuestras, entregadas al azar, aquellas que pudieran servir como sinónimo. Entre todas las que le entregamos, él escogió la de "los intelectuales".

Intelectual, aquel "que realiza actividades que requieren preferentemente el empleo de las facultades del intelecto" según el diccionario.

Intelectual, aquel que "cree que puede cambiar el mundo con sus ideas", decía la carta del juego, situando el rema entre los terrenos del soñador, el engreido y el ingenuo.
La recontextualización, empujada por un forzado sentido del humor, nos dejó cabizbajos.
Coño, Roland Barthes, tus ideas siguen erosionando nuestro discurso y nuestra fe. Al menos para nosotros, quienes nos creíamos capaces de cambiar el mundo.

Ahora a lo sumo, adaptamos nuestra habladera de paja a nuestro contexto, para poder sobrevivir. Y de tanto repetirlo, terminanos creyéndonos nuestras mentiras.
Este artículo viene a colación después de leer otro del Señor Cobranza sobre "Por el Medio de la calle". Sergio "Cobranza" Monsalve realiza una buena crítica a la manera como se realizó el último festival "Por el medio de la calle" en Chacao. Especialmente pone el foco en la paradoja de una cultura popular financiada por partidos políticos y empresas de consumo, curada por "la misma gente chevere de siempre" y representada por artistas escogidos de manera arbitraria bajo el criterio de la panitocracia.

Aquí en San Francisco (California) ayudo como voluntaria en un proyecto llamado Mission Arts & Performing Project (MAPP) que -aparentemente- comparte con "Por el Medio de la Calle" el concepto de llevar arte a las masas en un escenario urbano. La diferencia es que el MAPP no es en el medio de la calle, sino en los espacios que las familias de este animado-pero-económicamente-deprimido vecindario nos ceden (aunque también hay galerías). No se le dice no a casi nadie, por cuanto hay un compromiso implícito entre los curadores de darle cabida a cuanta gente sea posible, e incluso conservamos unos espacios "latentes" que curamos a última hora para aquellos rezagados en tiempo o contactos. Como dicen, "siempre hay un huequito para ti." Tampoco se trata de "llevar arte a las masas" sino que la comunidad se involucre en el proceso creativo, y no solo como expectadores. No hay partido político o institución que apoye el evento por cuanto no es una ONG o una organización sin fines de lucro. Es tan solo un grupo de gente que decidió hacer algo depinga y se encargó de hacerlo de forma tal que nadie puede reclamar autoría. Creo que los neohippies lo llaman empoderamiento (empowering), o algo así.

Problemas hay, claro. Andamos pelando, pobres, porque no podemos recibir dinero ni patrocinio de nadie, más allá de donaciones en voluntariado o favores. De paso, el proceso organizativo es orgánico, es decir, un cogeculo multiétnico y cultural. Peleamos, la cagamos a cada rato, nos reconciliamos e incluso algunos voluntarios deciden montar tienda aparte, tratando de realizar su visión ideal de lo que debería ser la cultura. Pero siempre tenemos en común que somos parte de una comunidad que cree en el futuro. Ese futuro va para 6 años, 1000 artistas (incluyendo algunos que han expuestos en el MOMA, con becas Fulbright o proyectos musicales del TED) y entre 8 a 16 locaciones en cada evento, cada 2 meses. Eso sin contar los curadores de arte callejero que prepara formalmente el Red Poppy Art House o que se forman a los coñazos gracias a la tutela de otros, más veteranos. Ustedes pueden juzgar los resultados aquí en htt://sfmapp.org

Somos gente común con pretenciones de intelectuales que bien podríamos encajar en la descripción de "ingenuos" de Apples for Apples. Sin embargo, no intentamos cambiar el mundo sino el pedacito de espacio-tiempo que disponemos.

Musicos, artistas, artesanos, curadores, dueños de antros y casas de familia, etc... TODOS TRABAJAMOS GRATIS por el privilegio de poner nombres, de llevar el nombre de nuestra comunidad, de hacernos un nombre.

Palabras más, palabras menos, como dice la canción de Calamaro

Hace unos cuantos meses conversé por FB con una vieja amiga sobre cómo podríamos hacer un MAPP en Caracas. De esa manera podríamos educar a la gente cómo preparar sus propios eventos, sin necesidad de apelar a gobierno, patrocinantes comerciales o cogollos culturales. Quería regalarle un poco de sentido de pertenencia a los caraqueños, el poder de hacerse un nombre como ciudadanos, así sea en escala chiquita.
¿Dónde hacerlo? ¿En Chacao, La Candelaria, Los Palos Grandes, en Catia, en Petare, en Santa Mónica....? No importa la cantidad de nombres que enumeré, igual me tocó bajarme de esa nube. El tejido necrótico de esta ciudad no iba a permitir.
¿Gratis? ¿Estaría los ciudadanos dispuestos a donar su tiempo para hacer algo por su barrio sin esperar retribución monetaria?
¿En la calle? ¿Con el permiso de quién? ¿De los malandros?
¿Libertad creativa? Así me iba a meter en problemas...


En una clase de posmodernidad ciencias de la comunicación que tuve con Juan Barreto, hace MUCHO tiempo atrás, Juan invocaba el poder de los divos posmodernos del discurso -como Derrida o Baudrillard- para erosionar los simbolos lingüísticos de las masas. En otras palabras, quién pone el nombre, tiene el poder.

Cuán cerca estaba Juan de poder experimentar con sus teorías en una masa cebada por el hambre y el resentimiento, en una clase media apática que se creía representada por unos medios tontos-ciegos-sordomundos, en una clase privilegiada -aún- carente de arraigo.

Me acuerdo que Juan nunca miraba a los ojos cuando hablaba. :(
Cuando volví a ver a Barreto, en ese momento convertido en alcalde, era para decir adiós. Quería que el país me lastimara el corazón para no volver la vista. Así que me puse en la cartera mi última apuesta y esperé...

Un gentil caballero me contaba como pagaba sus tarjetas de crédito con dinero de CADIVI, pero sin cupo. Era del tipo "si vamos a cenar y a bailar te digo cómo".
Si fuera pobre y chavista, pero emprendedora, me hubiera quedado pelando bolas.
Si fuera pobre y chavista, pero corrupta, me hubiera quedado rica.
Si fuera pobre y apolítica, pero corrupta, me hubiera enchufado a algún viejo y me hubiera quedado rica.
Era pelabolas-pero-educada, apolítica y tengo algunos principios.

Cuando por fin hablé con Juan, sudaba excusas sin parar, babeaba palabras.
Creo que le pregunté cómo había salido el experimento.
No me acuerdo que respondió.

Una chorrera de años después, me encontré otro simpático-pero-peligroso gordito criollo. Eran nuestros ruidosos vecinos de cuarto durante nuestra luna de miel en Los Roques. El chico era un brillante ex militar dedicado a la seguridad privada con un discurso entre cínico y divertido y un nivel de ostentación discretamente chocante, tipo guiski 15 años meneado a dedo. ¡Guau! ¿Les dije que era brillante? La verdad, mi esposo y yo quedamos impresionados. Lo más talentoso de nuestra boliguesía nacional, con conciencia de su papel dentro del engranaje rojito. Un chico Gattaca chavista, una de las manos que va a terminar moviendo la cuna de nuestro país, que anda ahuevoneado.

"¡Qué inteligente y qué peligroso! Pobre Venezuela", dijo mi Hank Chinaski.

Ahogados en el mar de la felicidad

"Ahogados en el mar de la felicidad"
Acrílico, acuarela y tinta sobre panel de madera
2009
Por Ytaelena Lopez