miércoles, septiembre 06, 2006

Fuego sagrado que ilumina el mundo y arrebata vidas

Migracion de Escrupulos XXI




Una amiga estuvo en NY y publicó un post en su blog La tierra del cacao. Es un post tan, pero tan bueno, que me hizo salivar la imaginación como si fueran un par de ojos. De verdad estuve con ella cayéndome a golpes por contemplar la laguna de Monet, por delirar en las pinceladas gruesas de Van Gogh.

En cuanto a mí, puedo reseñar dos obras que me han marcado.

Por llegar a contemplar la primera en Roma quedé pelando por meses. Era el delirio de Santa Teresa de Bernini. Ella tan grandota en la minúscula capilla de Cornaro. No importa, porque igual sus manos apretaban la túnica como si fuera una sábana, como si la flecha del ángel en el corazón le estuviera proporcionando el placer físico más sublime, sublimado el conjunto con la luz filtrada de los vitrales. Lloré sin parar por esa maravilla "viviente", me arrodillé, le toqué los delicados pies a la santa para poder sentir un orgasmo similar, y al final di gracias por tener una pluma conjugada en femenino.

""Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces, y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios." (Santa Teresa de Jesús)

Si con la primera obra di gracias a Dios por tener vida suficiente para buscar el fuego de la inspiración, con la segunda obra me asome a la muerte por inequidad.


"Mas, ¿cómo perseveras,
¡oh vida!, no viendo donde vives,
y haciendo por que mueras
las flechas que recibes
de lo que del Amado en ti concibes?"
(San Juan de la Cruz)


Ana Mendieta, una cubano americana de nuestra edad que usaba la sangre de los animales sacrificados para pintar su cuerpo como lienzo y enfrentarnos con su muerte en vida cuando nosotros estabamos naciendo... La arrechera pura del no lugar, del no tiempo, no identidad se unta en nuestra piel de inmigrantes, de minoría, de nuestra condición sobrante. En un formato que -de paso- que no deja huella: el happening y el performance. No pude tomar fotos porque me fui a llorar al baño. Y ni siquiera pude vomitar, solo regurgitar.

"“My exploration through my art of the relationship between myself and nature has been a clear result of my having been torn from my homeland during my adolescence. The making of my silueta in nature keeps (make) the transition between my homeland and my new home. It is a way of reclaiming my roots and becoming one with nature. Although the culture in which I live is part of me, my roots and cultural identity are a result of my Cuban heritage.” (Ana Mendieta)

De allí supe a donde enfundar mis municiones.

Pero de vez en cuando siento cuando escribo un extasis místico donde "casi muero porque no muero".


Zemanta Pixie

2 comentarios:

Carmen Bellver dijo...

Me quedo con el éxtasis de Santa Teresa. "Vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero que muero porque no muero". El deseo del infinito amor, colmando todos los deseos. Un saludo

La Tierra del Cacao dijo...

Como te dije, lo que más me preocupa de tu comentario y ahora publicación de la imagen de la santa, es que me has signado a querer conocer Roma y dejarme pelando también, sin contar que me carcome una sigilosa envidia, motivo por el cual no podré regresarme sin tocarle los pies a la misma. Algunas veces soy tan infantil, predecible, obsesiva-compulsiva en lo que se refiere al arte, qué te puedo decir.

Por cierto, la obra de Mendieta me recuerda a la de un artista mexicano que expuso su muestra en el MACCSI hace años (evidente, cuando este exisitía), por supuesto que el fin y el dolor eran otros.